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Bacalar, el paraíso secreto de Costa Maya

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Cuando amas viajar, hasta el viaje más corto te hace feliz. Eso es lo que aprendí en mi último crucero en el Caribe. Nunca imaginé que mi parada en Costa Maya fuera a volverse inolvidable.

Cada año, mis vacaciones consistían en tomar un viaje a algún lugar exótico. Ver culturas diferentes y lugares antiguos, probar diferentes sabores y aprender nuevas palabras en idiomas extranjeros hace que mi corazón se acelere. Este año, mi esposo y yo decidimos tomar un crucero de cinco días que llegara a Costa Maya y Cozumel, solo lo suficiente para desconectarnos de la rutina.

Cuando llegamos a Costa Maya, encontramos un increíble puerto tematizado con una gran alberca y muchas amenidades, pero nuestro espíritu aventurero pedía una expedición a algún lugar desconocido, y de entre todas las opciones hubo una que captó por completo mi atención. Un lugar inmerso en la jungla, un encantador pueblo mágico llamado Bacalar que prometía una maravillosa vista a una laguna de siete colores.

Una vez en el muelle de Costa Maya, conocí a Jorge, el guía más increíble del mundo. Él nos llevó hasta nuestro autobús para iniciar el tan deseado viaje. Jorge es fenomenal, realmente hizo el viaje muy ameno y divertido. Antes de que el camión arrancara, verificó que todos tuviéramos el cinturón de seguridad y se aseguró que todos fuéramos en nuestros asientos.

Durante el camino, escuché acerca de los secretos y misterios de Bacalar. Cada pregunta que le hacía a Jorge siempre me respondía. Cada minuto me emocionaba más estar cerca del pueblo mágico que él nos describía.

Cuando llegamos a Bacalar, supe que todas las promesas serían superadas mas allá de mis expectativas. Los colores de las flores en los árboles, las sonrisas de las personas caminando en las calles del pueblo saludando a todo mundo con un alegre “buenos días”. Todo me hacía sentir que había viajado a otra época. Las historias que había escuchado durante el viaje cobraron vida.

Llegamos a un restaurante que estaba junto a la laguna a preparamos para subir al bote que nos llevaría a navegar y nadar. Cuando salí de cambiarme y vi a lo lejos la laguna, mi corazón se aceleró.

Me enamoré por completo de la vista. Las sombras y colores que el agua reflejaba eran inimaginables. Conté una por una hasta llegar a siete colores que iban desde un azul turquesa en las orillas, hasta un azul más profundo en el horizonte.

Una vez en el bote, visitamos las villas de los pescadores y los cenotes que complementaban este maravilloso paisaje. Era como un sueño. Mi cámara se volvió loca con tantas fotografías que estaba tomando, pero no era la única, todo mundo parecía hipnotizado por Bacalar. Después, el momento más esperado llegó: nadar dentro de la laguna.

El bote se detuvo en el “Canal de los Piratas”. Había llegado el momento de disfrutar el agua de los dioses. Los sentimientos eran infinitos. Me sentí libre, estaba viviendo una de las mejores experiencias de mi vida. Me encontraba en el paraíso.

Había llegado el tiempo de regresar a tierra. Estábamos muy hambrientos, pero por fortuna Jorge nos llevó a una cómoda palapa justo enfrente del agua para disfrutar un delicioso buffet mexicano.  Comí el más delicioso arroz mexicano, mariscos, fajitas de pollo y por supuesto… ¡guacamole!

De regreso a Costa Maya, nos detuvimos nuevamente para una visita rápida en el Fuerte de San Felipe, una edificación española construida en el siglo XVIII utilizada para defenderse de los piratas británicos. Entramos y leímos sobre las leyendas y los tesoros que este lugar ha guardado por siglos.

Había llegado el momento de regresar al Puerto de Costa Maya, pero mi corazón siempre estará en este lugar e ensueño.

Para despedirme de Bacalar y este extraordinario puerto, decidí terminar mi día tomando un poco de vitamina D, disfrutando de una deliciosa Piña Colada junto a la piscina del Bar del Árbol, pensando en mi próxima visita a Costa Maya y las increíbles ruinas mayas de las que Jorge nos habló: Chacchoben.